Descubriendole

Descubriendo mi camino con Cristo

Conversión

Muchos me han preguntado cómo ha sido mi conversión y otros de seguro no se atreven a preguntar por que piensan que es algo personal. Realmente es algo personal, algo que en cada cual es distinto, pero si soy testigo de algo hermoso tengo que contarlo al mundo. Quizás sea una historia de conversión más pero lo especial (lo que le encuentro especial) es que todavía no ha culminado. Me falta mucho, demasiado, y entre esas cosas está el responder a ciertas preguntas.

Nací y fui criada en una iglesia protestante del lugar donde vivo. No me puedo quejar, pues de ahí recibí una educación bíblica excelente. En mi familia la gran mayoría son protestantes excepto mi abuela materna y su familia. De mi abuela aprendí la señal de la cruz, el Santo Rosario y el Padre Nuestro. Nunca podía irme a la cama, cuando dormía en su casa, sin que ella me hiciera la señal de la cruz antes de dormir.

Luego de un tiempo dejé de ir a la iglesia donde “comencé” mis pasos en la vida. Estuve un tiempo sin asistir a ninguna. Hasta que un día y por la convivencia que tuve con mi abuela paterna fui a otra iglesia protestante. Ya para eso estaba un poquito más grande. Me empezaron a dar clases para bautizarme pero luego de unos meses dejé de ir. Dejaba de ir porque no me sentía cómoda. No sentía ese amor por la iglesia y había alguien que me “llamaba”.

Había una mujer que desde pequeña tuvo mi atención. Quizás era porque me encantaba la cultura de su país o que me llamó la atención la fé que le tienen esas personas. Todavía tengo que responder eso. Ella siempre estaba. Cada vez que la veía sentía mi corazón estallar en alegría y sentía ese único amor, ese cariño. Sentía esa llamada: “Ven”. Pero de corazón nunca le presté mucha atención.

Ya en la secundaria entré a un grupo ambientalista, casi igual a los “Scouts”. Yo no sabía nada de la Iglesia Católica, solo lo que mi abuela me enseñó y sabía que había una pequeña capilla cerca de mi casa. Como iniciación fui a la grabación de una misa televisada, mi primera misa. No sentí nada especial, solo escuché las lecturas, el Evangelio.. hasta la comunión. Ahí sucedió lo que puedo llamar: amor a primera vista. Vi el significado de ese Pan y ese Vino.

El sábado próximo fui a la capilla, a la misa. Llegué justo en el momento que el lunes de esa semana comenzaba la catequesis para adultos. No lo pensé dos veces. Yo quería ser parte de esa mesa, tenerlo a Él en mi. Una preparación de un año me esperaba. Debía tomar todo el catecismo para tener 3 sacramentos: bautismo, comunión y confirmación. Comencé a ir a la pastoral juvenil.

Reuniones todos los viernes, siempre un tema distinto. Me topé con la sorpresa de que llevaba el nombre de un ser al cual yo admiraba y que me impresionó ver tanta gente llorándolo: Juan Pablo II. Iba encajando en todo. Poco a poco fui aprendiendo las partes de la misa, los colores del año litúrgico… pero me faltaba algo: comulgar.

Se acercaba octubre, mes de las misiones. El párroco era, para aquel entonces, P. Fabian un jesuita que apoyaba a los jóvenes en todo. Él, de lo poco que tenía, pagó la inscripción para que 4 del grupo fuéramos para el CONAJUM (Congreso Nacional de Juventud Misionera) pero había un problema, necesitaba los 3 sacramentos para ese retiro. Le dijeron a P.Fabian y el dijo que lo haría el domingo próximo (domingo antes del CONAJUM). Y así fue un 18 de octubre del 2009 fui bautizada e hice lo que tanto quería: recibir la comunión. Pero Dios me tenía un regalo más. Como necesitaba la confirmación y era considerado un caso de “emergencia” también recibí la confirmación. Tres sacramentos, un solo día y con solo 9 meses de preparación.

Aunque he tenido mis altas y mis perezas hoy, desde hace 5 años asisto a la Iglesia Católica. ¿Qué cómo me siento? Feliz, más feliz que nunca. Aveces lloro porque no puedo rezar el rosario en familia o por las críticas que recibo pero estoy feliz porque hago lo que Dios quiere que haga. Mi conversión sigue cada día, descubriendo poco a poco lo que Cristo quiere que yo haga, mi servicio, mi vocación. Poco a poco voy descubriendo ese amor de aquella mujer, de Guadalupe. Poco a poco voy aprendiendo sobre la Iglesia Católica, los santos/as, los protocolos, las vocaciones… en fin, voy conociendo lo que Cristo nos dejó: su Iglesia.

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